Hoy por la madrugada que me dejaste solo a la deriva del sereno helado, mi trabajo de Literatura hispanoa... no había sido concluído. Todavía me faltaba redactar unas cuantas páginas. Comodina, Nastasita, Las Atoleras, Tules, Cecilia, Casilda, doña Pascuala, Luz, Mariana y hasta Don Pedro Martín, me martirizaron durante toda la noche. Conforme las ideas transcurrían, las notas aumentaban y las páginas corrían sórdidas. Al fin, con el albor decembrino de un bello pero frígido día, terminé mi extenso trabajo literario. ¡Bah! Me faltaron por lo menos veinte páginas más para completar todo lo que quería decir, pero uno tiene que atenerse a las reglas acedémicas (aquí pondría una nota en contra de la Academia, pero... no estamos para tánto). De pronto, aliviado del deber universitario, me quedé profundamente jetón y no desperté hasta el maldito mediodía; me levanté no echo la chingada, sino lo que le sigue. Me puse una vistosa playera de humilde color naranja, unos tenis más lisos que mi cerebro, me rocié desodorante Acs sobre mis vellos axilares (¿esta palabra existe?), me coloqué una mugrosa gorra sobre mi cabeza, embarré crema en mis brazos y cara, y salí corriendo. Habrás notado que no me puse pantalón, pero ya lo traía puesto. En fin, corrí, en la medida que mi dolor lumbar me lo permite, hasta el empolvado cochecillo ronco que tengo. Lo encendí y ¡fuuuuuum! a volar. 80, 90, 100, 120, 140.... Alto... tráfico desquiciante. Los minutos no avanzaban, corrían cuál pelotón idotizado, sin hacer caso de mis desesperados gestos de desesperación provocados por el desesperante tráfico. A vuelta de rueda avanzaba la larga caravana de automotores. 10, 30, 50, 60, 70 minutos atorado en el cuello de botella que provocan las construcciones del nuevo puente cafetales-xochimilco. Al fin, salí bien librado y con más prisa. Me estaciono, imprimo mis trece páginas; tuve que pagar 16; las condenadas habían copulado y parido dos dos lindas hojas blancas, una inservivble y la otra enigmática. Corre que corre porque Aralia se va y ya valiste madres, mijo. Paso a pasito llegué al cubículo 200nosequé en el edificio F de la UAMI. -Tome maestra, mi trabajo, dije, aquí está, como pan recién salidito del horno. Después, pláticas y más pláticas, esperando al argentino, y el buen hombre, ausente. "Me gustas cuando callas porque estás como ausente" dice Neruda en un poema, pero a mí no me gusta ni que calle ni que esté ausente. Urgiame la calificación de Literatura esp... El buen hombre no llegó. Arranca de nuevo, verifica la maldita aguja de gas que sólo marca la reserva. ¡Pinche coche, es insaciable! -Bueno, pienso, sí llega así a la casa. Voy manejando y hablequehable con la copiloto -chelas, viajes, amigos, maestros, bares, pedas. Adiós. Estaciono el coche mugidor y abro la puerta de mi casa. Los perros me reciben con su acostumbrada alegría, yo les correspondo con caricias fatigadas. Me siento salado, sudado, asquerosamente puerco. Pero no me bañaré hasta mañana. Me recuesto sobre la cama, me dan ganas de leer a Goethe, pero primero prendo la máquina infernal. Veo el comentario seductor que me incita a ir al cine o por un café; me sonrió porque tengo a alguien conmigo, y decido responderle, narrándole precariamenten mi fatidico día. Le doy click al link que me lleva desde mi bandeja de entrada hasta el lugar indicado y noto que no me llamo Diego, sino Andrew, que mi cabello ya no es chino ni negro, que uso lentes y aparece mi abdomen marcado en las fotos del perfil. Entra mi hermano a mi cuarto y me dice: Usé tu computadora porque la mía ya no prendió, eh!
Este texto lo hice hace ya un rato, cuando aún tomaba clases de lit del xix... A ver qué les parece
