viernes 18 de septiembre de 2009

Crónica de un día agitado

Hoy por la madrugada que me dejaste solo a la deriva del sereno helado, mi trabajo de Literatura hispanoa... no había sido concluído. Todavía me faltaba redactar unas cuantas páginas. Comodina, Nastasita, Las Atoleras, Tules, Cecilia, Casilda, doña Pascuala, Luz, Mariana y hasta Don Pedro Martín, me martirizaron durante toda la noche. Conforme las ideas transcurrían, las notas aumentaban y las páginas corrían sórdidas. Al fin, con el albor decembrino de un bello pero frígido día, terminé mi extenso trabajo literario. ¡Bah! Me faltaron por lo menos veinte páginas más para completar todo lo que quería decir, pero uno tiene que atenerse a las reglas acedémicas (aquí pondría una nota en contra de la Academia, pero... no estamos para tánto). De pronto, aliviado del deber universitario, me quedé profundamente jetón y no desperté hasta el maldito mediodía; me levanté no echo la chingada, sino lo que le sigue. Me puse una vistosa playera de humilde color naranja, unos tenis más lisos que mi cerebro, me rocié desodorante Acs sobre mis vellos axilares (¿esta palabra existe?), me coloqué una mugrosa gorra sobre mi cabeza, embarré crema en mis brazos y cara, y salí corriendo. Habrás notado que no me puse pantalón, pero ya lo traía puesto. En fin, corrí, en la medida que mi dolor lumbar me lo permite, hasta el empolvado cochecillo ronco que tengo. Lo encendí y ¡fuuuuuum! a volar. 80, 90, 100, 120, 140.... Alto... tráfico desquiciante. Los minutos no avanzaban, corrían cuál pelotón idotizado, sin hacer caso de mis desesperados gestos de desesperación provocados por el desesperante tráfico. A vuelta de rueda avanzaba la larga caravana de automotores. 10, 30, 50, 60, 70 minutos atorado en el cuello de botella que provocan las construcciones del nuevo puente cafetales-xochimilco. Al fin, salí bien librado y con más prisa. Me estaciono, imprimo mis trece páginas; tuve que pagar 16; las condenadas habían copulado y parido dos dos lindas hojas blancas, una inservivble y la otra enigmática. Corre que corre porque Aralia se va y ya valiste madres, mijo. Paso a pasito llegué al cubículo 200nosequé en el edificio F de la UAMI. -Tome maestra, mi trabajo, dije, aquí está, como pan recién salidito del horno. Después, pláticas y más pláticas, esperando al argentino, y el buen hombre, ausente. "Me gustas cuando callas porque estás como ausente" dice Neruda en un poema, pero a mí no me gusta ni que calle ni que esté ausente. Urgiame la calificación de Literatura esp... El buen hombre no llegó. Arranca de nuevo, verifica la maldita aguja de gas que sólo marca la reserva. ¡Pinche coche, es insaciable! -Bueno, pienso, sí llega así a la casa. Voy manejando y hablequehable con la copiloto -chelas, viajes, amigos, maestros, bares, pedas. Adiós. Estaciono el coche mugidor y abro la puerta de mi casa. Los perros me reciben con su acostumbrada alegría, yo les correspondo con caricias fatigadas. Me siento salado, sudado, asquerosamente puerco. Pero no me bañaré hasta mañana. Me recuesto sobre la cama, me dan ganas de leer a Goethe, pero primero prendo la máquina infernal. Veo el comentario seductor que me incita a ir al cine o por un café; me sonrió porque tengo a alguien conmigo, y decido responderle, narrándole precariamenten mi fatidico día. Le doy click al link que me lleva desde mi bandeja de entrada hasta el lugar indicado y noto que no me llamo Diego, sino Andrew, que mi cabello ya no es chino ni negro, que uso lentes y aparece mi abdomen marcado en las fotos del perfil. Entra mi hermano a mi cuarto y me dice: Usé tu computadora porque la mía ya no prendió, eh!




Este texto lo hice hace ya un rato, cuando aún tomaba clases de lit del xix... A ver qué les parece

lunes 7 de septiembre de 2009

HOY



queridos
cumplo 22 años
Y quiero agradecer a todos aquellos que han contribuido, influido, intervenido, desviado, manoseado, coloreado, deshidratado, atropellado mi formación humana. Mar y Ana podrá decir: viví en el monstruo y le conozco las entrañas...
Todo hombre es obra de una gran madre...

martes 25 de agosto de 2009

Una bruja

Una vez yo conocí a una límpida señorita en los senderos bifurcados de la sierra
había de tener como unos 400 años de vida y muchas maneras de mirarte

era una bruja hermosa
lo primero que me dijo fue: cuántas veces al día miras el cielo
un día por la mañana se esparció por el mundo, como cae al pasto el rocío
todas las noches yo le oía reír entre los pinos y debajo de la cascada
y cuando me aburría de no saber dormir, bajaba al cafetal y cerraba los ojos fuerte
todas las mañanas dejaba un aroma a manzanilla
cuando me mudé a la ciudad llovió a torrentes y el cafetal se llenó de pequeñas luciérnagas
Rocío, que así se llamaba, había juntado las nubes para que yo no me fuera
aquella noche bajé al cafetal sin cerrar los ojos, ahí estaba con sus muchas maneras de mirar
no pudo entenderme y se fue para siempre
cuando regresé al cafetal años después, mi padre lo había convertido en un fábrica procesadora de café

el olor a manzanilla por las mañanas se había ido
(...)
Y si algún día te dijera te fijaste cómo se nos fue la sonrisa y se quedó el recuerdo...


Dicen que el amor es lo que nos hace levantarnos una y otra vez
pero no nos habéis puesto a pensar en que alguna vez no os levantaréis
bueno, dirán, no podéis quedaros tirados por un tropezón
pues no, no es así, quién os garantiza que no fue tan fuerte el golpazo que sus piernas no sirven
bueno, exagero, con muletas y todo pero os levantáis del suelo agusanado

domingo 23 de agosto de 2009

Quizá era cualquier cosa, menos amor

Estuve haciendo un cuento terrible de amor donde todo era miel sobre doradas hojuelas, tú te convertías en un coscorrón en la mollera cuando, por fin, me dabas el sí y nos besábamos emocionados y caminábamos por las estrechas calles de una ciudad en silencio. No era cierto, tú vives en un mundo que ya no conozco. El cuento se esfumó cuando mi padre llamó por teléfono para recordarme que debía ir por el perro a la veterinaria. Estuve toda la tarde pensando en ti con una insistencia inscesante: me sentía ridículmante enamorado de alguien que a duras penas podía recordar; pero, me decía, ¡qué importa, el amor llega de mil maneras a nuestras manos! Si no te recuerdo con claridad, estaba seguro de que cuando te viera, tu rostro, la textura de tu piel sobre los pómulos, tu sonrisa, el brillo de tus ojos, la suave sensación de tu lengua y tus labios rozando con los míos, se grabarían en alguna parte de mi cerebro como un fiel daguerrotipo. Estaba seguro que durante unos días te amaría con furtiva demencia. Estaba tristemente seguro de que todo iba a terminar y yo regresaría con una mueca de triste alegría a mi hogar silencioso en medio de turbulentos recuerdos y extrañas sensaciones que habrían dejado tus manos sobre mi pecho y sobre todo lo que un hombre puede llegar a llamar felicidad. Al otro día, después de lavar los platos y trapear toda la casa, me senté sobre el brazo del sillón a mirar las formas que se hacen en los hoyitos de la pared; encontré una mariposa nocturna y un perro salchicha, un vaso lleno de vinagre, vi una formación rectilínea de hormigas voladoras y la huella del pulgar derecho de Neil Amstrong después de haber llegado a la luna. Me sentía divertido y tenaz, jugando a que la pared era el universo y yo el contento forastero que llegaba a cambiarlo todo. De pronto, en alguna parte apareció tu lado izquierdo con sus mentiras enmohecidas y con sus grandes ganas de amar a un contento sombrerudo ignoto. De aquella imagen violenta estallaba en sensatez caprichosa una sonrisa de milpa entre un montón de puntitos decepcionados que formaban el costado desde el cuál me mirabas con atención cuando creías en mí y yo confiaba en tu mirada risueña. Eras tú difuminada en lentos puntos de yeso viejo, en la pared indiferente de una casa al sur de la ciudad; eras tú con tu sonrisa izquierda ennegrecida por la mugre del desengaño. Papá volvió a llamar, ahora para recordarme que el amor es un huella silenciosa que tienes que cazar con paciencia y destreza, sigilo y decisión, que incontables veces se escapa de nuestras manos como un pez en el río. -Hijo, no desesperes, esta vez tampoco era el amor...

domingo 9 de agosto de 2009

Eso es amor

bUENO, EL CAMIÓN CUESTA...
YO TAMBIÉN LA QUIERO, SEÑORA
YO A UD, SEÑOR
NOS QUEREMOS, SEÑORA. ESO ES AMOR.
EL AMOR ES UN ENGAÑO ALTIVO DEL ÁNIMO, SEÑOR.
SÓLO ÁMEME, SEÑORA.
SÍ, SEÑOR, BÉSEME.
BÉSEME EN LOS LABIOS COLOR CARIÑO, SEÑORA.
LO BESO EN LOS LABIOS Y EN EL CORAZÓN, SEÑOR.
ÁMEME, BÉSEME, DIFUMÍNEME EN LOS LIGEROS REGLONES DE SU ACORAZADA EXISTENCIA, SEÑORA.
LO AMO, LO BESO COMO USTED ME AMA A MÍ, SEÑOR, CON LA INTENSIDAD CON QUE ME MIRA LAS PIERNAS, SEÑOR, CON LA AMABILIDAD SUTIL CON QUE ME MIRA LOS MUSLOS ABIERTOS COMO FLORES DE AMOR DERRAMADO, SEÑOR.
SÍ, LA MIRO CON DESENFRENADA DESCENCIA, SEÑORA.
MÍREME, TÓQUEME, SIÉNTAME, ÁMEME AQUÍ ENTRE LAS PIERNAS, SOBRE EL CORAZÓN, SEÑOR.
LA AMO POR DEBAJO DEL CIELO Y EN MEDIO DEL MUNDO, SOBRE CADA MUERTO, SEÑORA.
ARRÓPEME, SEÑOR.
ARRÓPEME, SEÑORA.
SÍ, SEÑOR, ESO ES AMOR, ES AMOR...
SEÑORA, ES AMOR... (Sigue sonando en letanía el "es amor", hasta después de que caiga el telón)
TELÓN

jueves 6 de agosto de 2009

Mi padre y yo

A veces me pregunto si es culpa mía, si de verdad tengo tántos errores y si, en serio, soy tan irresponsable y mal hijo. No tendría porqué estarles contanto esto a ustedes, pues no les importa lo que pase en mi vida privada, pero siento la penosa necesidad de escribirlo bajo un seudónimo y de que alguien s entere de cúan harto estoy de esta relación conflictiva.
Qué lejos están esos tiempos donde mi padre y yo salíamos a jugar futbol a las canchas del Conalep, o íbamos con los perros al bosque los domingos o sábados por las mañanas; aquéllos mejores momentos cuando él, yo y mi hermano solíamos hacer esos tradicionales acercamientos humanos mediante un tonto juego de niños. Qué lejísimos veo esa imagen cuando yo, en kinder creo, salía disfrazado de pollo y estaba sobre un triciclo, él está agachado agarrándome para que no me fuera a ir por la bajada, con sus lgendarios lentes de federal, sonriendo. A veces una sonrisa, una llamda bastan para sanar muchas heridas o muchas faltas de atención.
Yo sé que no debo vivir en el pasado, y no es mi intenicón volver a ser niño para tener las atenciones de mi padre. Pero quizás hoy yo merezca otras atenciones, no? No sé, ser joven es lo más difícil que nos puede suceder. Él cree que por soy joven son irreberente y ateo, que por mi condición de hombre en proceso de madurez, soy irresponsable e inútil. Jamás creí que la relación con mi padre fuera tan difícil, tan convencional y tan lejana.